Pimientos asados al horno

Los pimientos asados nos sirven tanto de guarnición como de base para otras recetas. Yo suelo utilizarlos mucho tanto para acompañar carne como, por ejemplo, para hacer ensaladas.

Los pimientos asados también los podemos embotar para tenerlos listos en cualquier momento. Si lo hacemos de manera adecuada nos duran unos cuantos meses.



A finales de septiembre y primeros de octubre se suelen encontrar en el mercado los pimientos a muy buen precio y además de una excelente calidad.  Una vez asados podemos usarlos para ensaladas, como acompañamiento de carnes o pescados, etc. A mi este mes mi padre me ha traído un montón de pimientos de la huerta así que me puse manos a la obra, hice pimientos asados, los emboté y ya tengo para una larga temporada.



 

Ingredientes:

  • 1 kg de pimientos rojos
  • Aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo




 

Preparación:

  • Primero, precalentamos el horno a 200º, con calor arriba y abajo.
  • Después, lavamos y secamos bien cada pimiento. Los colocamos en una fuente apta para horno y los untamos bien con aceite de oliva. Echamos por la fuente los dientes de ajo sin pelar.
  • Introducimos la fuente en el horno con los  pimientos y los dientes de ajo y dejamos que se asen durante 40-45 minutos.
  • Pasado el tiempo, sacamos la fuente del horno y la tapamos con papel de aluminio para dejar que “sude” ya que de esta manera después se pelarán mejor. Dejamos templar.
  • Cuando hayan enfriado, retiramos el tallo de los pimientos y las pepitas, los pelamos con cuidado y los cortamos en tiras.
  • Ya tenemos los pimientos listos para usar o para embotar.

 

Notas: Si queremos embotar tenemos que meter los pimientos en los tarros previamente esterilizados hasta llenarlos y rellenar con el caldo que soltaron. Echamos un chorro de aceite de Oliva, limpiamos el tarro y lo cerramos bien. Colocamos un paño en el fondo de una cazuela y ponemos los tarros encima, llenamos la cazuela de agua hasta que cubra los tarros y los cocemos durante unos 20 minutos. Apagamos el fuego y dejamos que se enfríen antes de sacarlos. Esto es importante para no quemarnos y para que no se revienten. Una vez fríos, los secamos, los etiquetamos y los guardamos en nuestra despensa o donde no les de mucha luz.

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